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                         CUERPO Y SANGRE DE JESUS
                                  "Haced esto en memoria mía"

La Eucaristía, pan y vino,  signo sacramental del banquete pascual, unidos al misterio de la Cruz como nos recuerdan las palabras de su institución, repetidas en la fórmula sacramental:                "Este es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros; este es el cáliz de mi Sangre, que será  derramada por vosotros  y por todos para el perdón de los pecados"
El alimento y la bebida, que en el orden temporal sirven para el sustento de la vida huma-
na en su significado como sacramento producen la participación en la vida divina, que es Cristo, "la Vid".  Él por su sacrificio redentor transmite esta vida a los "sarmientos", sus discípulos y seguidores. Esto lo marcan las palabras del anuncio eucarístico pronunciadas
en la sinagoga de Cafarnaum:  "Yo soy el pan vivo bajado del cielo.  Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que Yo le voy a dar es mi Carne por la vida del mundo"
"El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo lo resucitaré el último día" (Jn 6, 54)

La comunidad de la Iglesia está unida por la Eucaristía, signo del banquete fraterno estre
chamente vinculada al mandamiento del amor mutuo "Un solo pan y un solo cuerpo", esta unión fruto del amor fraterno  está reflejada en la unidad trinitaria,  del Padre con el Hijo
"para que todos sean uno como Tú, Padre, en mi y Yo en ti..."(Jn 17, 21) . La Eucaristía nos hace partícipe de la vida de Dios, según las palabras de Jesús:  "Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí"  (Jn 6,57)  
Por esto la  Eucaristía es  el sacramento que de modo muy particular  "edifica la Iglesia" 
como comunidad de los que participan en la vida de Dios por medio de Cristo.

Si comprendiéramos de veras la presencia real de Cristo en el sagrario,  nunca lo encon-
traríamos tan solo, el nos dice como ayer a sus Apóstoles  "con ansias he deseado comer
esta Pascua con vosotros" (Lc 22, 15).  Él se nos quiere brindar  como único alimento pa-
ra nuestro  camino  y nosotros aún no tomamos conciencia de esto,  estamos llenos de ta-
reas y  actividades que nos alejan  del sagrario y de la oración.  Él está allí  oculto a  los
ojos pero decididamente presente, luminoso, resplandeciente, poderoso para aliviar todas
nuestras necesidades. 

Al recibir  la Eucaristía  nos unimos íntimamente con Cristo Jesús,  que nos trasmite sus 
gracias.  Nos separa del pecado por el misterio de la redención,  nos fortalece en la cari-
dad.  Nos preserva de futuros pecados mortales,  renueva la unión de la comunidad,  nos hace más caritativos.

JESÚS SIEMPRE NOS ESTÁ ESPERANDO, ACERQUÉMONOS A RECIBIR SU AMOR

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